Sin señas particulares: México es una pesadilla de la que no podemos despertar

Sin señas particulares narra la travesía de Magdalena, una madre que no sabe nada de su hijo desde hace varios meses.

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Magdalena está en su cocina preparando la comida. Es un día con harta bruma. Hace frío. El sonido del chisporroteo del tomate, cebolla y chile verde sobre el aceite, retumba en la humilde casa en medio de una precaria parcela. Entre la bruma se vislumbra la silueta de su hijo Jesús. Le avisa que se irá junto a su amigo a buscar trabajo al estado de Arizona. La bina parte desde Guanajuato con un plan de llegar en un par de semanas; han pasado dos meses y Magdalena no sabe nada de su hijo ni de su amigo.

Sin señas particulares (Astrid Rondero, Fernanda Valadez, 2020) llegó a salas de cine desde hace varias semanas. Propone una historia desoladora, desesperante; es un mal sueño del que los mexicanos queremos despertar, pero no podemos.

Magdalena emprende una búsqueda con las distintas autoridades que podrían brindarle una pista sobre el paradero de su hijo. Sea que se encuentre vivo o muerto, ella desea saber la historia tras el emprendimiento del sueño americano de Jesús. Entonces Magdalena deambulará por un bacheado camino empinado, angosto y abundante de entidades oscuras que la desalientan en su misión. 

La historia de Sin señas particulares, bien podría ser la de cualquiera de las Madres Buscadoras. Que frente a la ineptitud de las autoridades, se reúnen en equipo con pico y pala; suben monte en búsqueda de pistas que las conducen a fosas comunes, lugares de quema de cadáveres y demás sitios donde las personas privadas de su libertad terminan. Sin nadie que las escuche. Sin nadie que las vea a los ojos. Sin que nadie sepa realmente cómo terminó su historia.


Sin señas particulares: México es el infierno en la tierra

Con las pocas pistas que Magdalena se va encontrando, descubre cada vez más un México que es tierra quien alza la pistola. Obteniendo automáticamente impunidad, teniendo al mismísimo diablo de abogado. Esa persona decide quién vive, quién muere, o quién entra y sale de uno de esos pueblos marginados en la sierra.

México, un país superado por el yugo de la inseguridad y la corrupción. Donde el Gobierno solamente se dedica a simular actividades. Ahí las autoridades le exigen a Magdalena firmar un documento que declara a su hijo muerto, aun sin tener una prueba sólida como el cadáver de Jesús. 

En Sin señas particulares no tenemos sólo la historia de Magdalena, sino la de muchas otras madres que aun con muchos años de no encontrar a sus seres queridos, continúan la búsqueda sin descanso alguno. Tal es el caso de la madre del amigo de Jesús, y de otras mujeres que serán las que empujarán a Magdalena por esta laberíntica aventura onírica de ultratumba que sucede en este sitio llamado México, que para muchas, es el mismísimo infierno en la tierra.

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